24/03/2017 | Ciencias Exactas y Naturales
Un relevamiento profundo del Canal Beagle
Tareas del equipo en el Canal Beagle

Científicos del CADIC-CONICET registran y analizan las características del agua para conocer mejor este ecosistema.

En las aguas argentinas del Canal Beagle, en la provincia de Tierra del Fuego, conviven diversas especies marinas y algunas, como la centolla y el centollón, son un importante recurso pesquero. Si bien los biólogos llevan mucho tiempo estudiando este ecosistema marino con fines de investigación y transferencia, no se conoce con tanta profundidad el medio físico en el que estas especies viven. Y son los oceanógrafos quienes generan estos datos para el aprovechamiento de la Biología y -en un plazo más amplio- la pesquería que se realiza en el área.

Jacobo Martín, investigador independiente del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET), desde julio de 2014 sale a navegar cada dos semanas las aguas del Beagle para registrar los valores de salinidad, temperatura, profundidad y ventilación (o sea, cantidad de oxígeno disuelto) del agua en diferentes puntos. Es un proyecto a largo plazo que busca establecer líneas de base sobre las características físicas del agua del canal y su funcionamiento fisicoquímico, lo que cobra un interés más amplio en un contexto de cambio climático y creciente presión de la acción del hombre sobre el ambiente.

 

Ecosistemas y variables físicas

“El desarrollo de los seres vivos se basa necesariamente en determinadas variables físicas que le sirven de contexto. Conocerlas en forma más precisa y completa, así como también los procesos de cambio que atraviesan, puede permitir entender mejor el comportamiento de los organismos acuáticos que habitan esas aguas” afirma Martín, quien dirige el Laboratorio de Oceanografía y Procesos Costeros del CADIC en el que trabaja junto a Gastón Kreps, profesional adjunto del Consejo.

A lo largo de su desarrollo vital y en cada ciclo anual, los peces y otras especies marinas buscan diferentes condiciones de temperatura, salinidad y oxgeno, y con ese objetivo se desplazan a través de los distintos niveles de profundidad y zonas dentro de un cuerpo de agua. Por eso, conocer la dinámica de las propiedades físicas del agua en el Canal Beagle puede contribuir a optimizar las investigaciones que se realizan sobre las especies que lo habitan, entender mejor el ambiente en el que viven y sus dinámicas de desplazamiento.

 

Características del Canal Beagle

A lo largo de cerca de 100 kilómetros desde Ushuaia hasta la salida al Atlántico del Canal Beagle, el relieve submarino presenta cambios abruptos de profundidad que van desde pozos de 200 metros hasta bancos y pasos de escasa profundidad, junto a numerosos islas e islotes.

Según las observaciones de Martín, en base a los registros tomados hasta el momento, características como la salinidad y la temperatura del agua presentan significativas variaciones de acuerdo a la estación del año.

“Durante los meses de mayor calor se forma en el canal una capa superior de agua dulce y cálida –y por ello relativamente liviana- por encima de otra más densa, con menor temperatura y mayor concentración de sal. La ruptura entre estas dos capas de agua de diferente densidad tiene un carácter abrupto y el límite que las separa recibe el nombre de picnoclina, la cual está íntimamente a la haloclina, frontera en la que las condiciones de salinidad cambian con celeridad”, explica el investigador. Con la llegada de las estaciones más frías esto se modifica y la columna de agua adquiere un perfil mucho más homogéneo.

Según el análisis de Martín, las alteraciones anuales de las propiedades del agua en el Beagle que pudieron constatar responden más al régimen estacional de la temperatura atmosférica que al de las precipitaciones. El agua de la nieve que cae copiosamente durante el invierno, de carácter dulce, no llega inmediatamente al mar sino que lo hace recién al derretirse sobre el final de la primavera y durante el verano. Otros aportes de agua dulce proceden de ríos que desembocan en el canal para mezclarse con el agua salada (marina) que tiene origen en el Océano Pacífico y circula de oeste a este –es decir, en dirección al Océano Atlántico.

La separación entre capas de agua durante los meses más calurosos lleva a que la masa de agua profunda quede incomunicada respecto de la atmosfera y pueda padecer de falta de oxígeno. Dato que también, de acuerdo al investigador, sería interesante poder vincular con la dinámica ecosistémica del canal.

“Cuando se produce una estratificación tan marcada, la transferencia de oxígeno desde la atmósfera hasta las aguas más profundas del canal, se ve frenada. Además, en el fondo se acumula materia orgánica que consume oxígeno, como también lo consumen (lo respiran) los organismos marinos que viven allí, por lo que se va agotando paulatinamente hasta que en invierno las aguas vuelven a mezclarse y el fondo del canal se ventila de nuevo”, comenta Martín.

 

Instrumentos y metodología

Las mediciones se realizan con una sonda CTD – instrumento que tiene la capacidad de registrar datos cada 0,1 segundos. El nombre CTD se debe a las siglas en inglés de los tres parámetros fundamentales que mide: conductividad eléctrica –que es lo que permite inferir la salinidad- temperatura y profundidad.

“Además esta sonda CTD toma datos del nivel de oxígeno y de turbidez y nos da información sobre la cantidad de microalgas fotosintéticas presentes en el agua al medir la concentración de clorofila”, informa Kreps. Estas microalgas constituyen el primer eslabón de la cadena trófica o alimenticia, por lo que es esperable que donde abunden existan ricos ecosistemas, incluyendo especies de interés comercial.

Martín destaca la importancia de que el relevamiento de todos estos datos continúe de cara al futuro y no se agote en un proyecto de solo algunos años de duración, principalmente teniendo en cuenta el contexto de cambio climático y calentamiento global que necesariamente tendrán efectos a nivel ecosistémico: “No queremos restringir estas mediciones a un ciclo corto de tiempo. Para entender cómo cambian las condiciones del océano a largo plazo y distinguirlas de la variabilidad interanual es imprescindible continuar tomándolas durante muchos años. Una serie temporal de datos plurianual vale oro”, concluye.

Por Miguel Faigón

Fuente: www.conicet.gov.ar

 

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